Entradas del mes: abril 2020

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“Vete Coronavirus”_#SoneríaQuédateEnCasa

Los peques y familias de #Chiquetín hemos hecho con mucho cariño este vídeo para los mayores de Peraleda de la Mata, especialmente para los mayores y trabajadoras de la Residencia del pueblo.

 

 

 

 

 

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#SoneríaQuédateEnCasa_ Diálogos conmigo misma y con todas vosotras

31 mar. 2020

Diálogos conmigo misma y con todas vosotras

…siempre tenemos al lado a alguien que cuando le contamos una sensación que nos sucede nos devuelve una idea maravillosa, un hilo del que tirar, un horizonte más amplio… Esta es una de esas veces, gracias hermana!

En esta ocasión me descubro manejando una frustración incómoda ante una sensación de bloqueo creativo. Comparto con mi amiga la aceleración interna que siento que a veces hasta me desborda…e intuyo que parte de esa angustia es por no encontrar la manera de materializar tanta inquietud y movimiento.
La maestra devolución que me llega es: «el proceso creativo también está siendo profundamente atravesado por este “nuevo” paradigma de conexión entre nosotros».
Es muy grande.
Descubro que sí.
Desarrollo:

…hace sólo unos cuantos meses, las canciones que componía, las melodías que creaba y los textos que escribía nacían de la necesidad de un deshago, de un soltar y sacar para afuera algo mío. Por supuesto, puedo sentir que de fondo había una enorme esperanza y deseo de que mi mensaje le fuera llegado a alguien y se diera algún tipo de conexión en ese alguien, lo cual de alguna manera nos conectaba a ambas…aunque sin salir de una misma…

Ahora todo cambió.

De repente, la necesidad que siento para poder escribir, componer o improvisar algo es tener la claridad de que en esa expresión estoy pudiendo captar de alguna manera la necesidad que tiene la otra, en este caso la sociedad, mi entorno, para que se encuentre en determinada medida satisfecha con la creación. Quiero decir que ya no me sirve el vaciarme sin más, ahora me gustaría encontrar las palabras que las demás necesitan oir, las melodías que les van a hacer bien y las canciones que nos permitan sentirnos unidas. Ahora, antes de poder plasmar nada, me pregunto qué intención tengo con ello y qué efecto podría tener en la otra persona.

Este cambio de paradigma por una parte me bloquea porque no es sencillo estar a la altura, y por otra parte me emociona porque entiendo que después de este trance la calidad de lo que se cree va a ser de otra naturaleza.

En determinados aspectos no tenemos ni idea de cómo van a cambiar las cosas después de esta situación que estamos viviendo, escapa a nuestra decisión…pero es emocionante descubrir que la posibilidad de hacer un cambio en nuestra intención es algo concreto y claro que nos permite vivir todo lo demás de una manera diferente. Tener una intención de cuidado y amor hacia las demás, hacía mí misma, genera cambios importantes en el día a día, y mi corazón me dice que merecen la pena.

Animarme a salir de mí para encontrarme con esa otra que se animó a salir de sí y construir ese espacio en el que somos juntas.

Todas estamos juntas. Cuando me toco os toco, cuando me canto os quiero cantar y cuando me hablo os hablo.

Diálogos conmigo misma y con todas vosotras

 

Rita

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Noah
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Desde mi balcón… #SoneríaQuédateEnCasa

Un tesoro, dentro de nuestras historias #SoneríaQuédateEnCasa

Hoy, como cada tarde desde hace varias semanas, como en tantos edificios y en tantas ciudades, a las ocho en punto, las ventanas de la calle en la que vivo se han llenado de manos aplaudiendo. Desde hace varios días, además, esas manos saludan en la distancia, se alegran al ver al otro lado de la calle a personas que quizá no conocen, pero con las que están compartiendo emociones silenciosas durante quince o veinte minutos, cada tarde. Antes eran solo sombras en una ventana, pero desde el pasado domingo podemos ver sus caras, el color de su pelo, distinguir su sonrisa… Podemos casi imaginar su voz cantando alguna de las canciones que suenan cada tarde, podemos sentir su calor. 

Hoy, que paradójicamente es uno de los días más tristes de mi vida, ha sucedido algo mágico. Algo que creía que solo pasaba en los cuentos, en esos que se susurran a los niños para ayudarles a dormir. Estaba asomada en el balcón, aplaudiendo a los héroes de esta pandemia, junto al altavoz desde el que cada tarde –algunas con ordenador y altavoz, otras con la guitarra y el cajón– compartimos con nuestros “amigos de las ventanas” algo de música, canciones con mensajes de esperanza, de ilusión, de fortaleza y de serenidad… Ahí estábamos un día más, sintiendo cómo la música repone nuestras fuerzas y nos da energía para afrontar un nuevo atardecer, cuando he visto aparecer ante mis ojos, a escasos centímetros de mi cara, un objeto que me ha costado quizá menos de un segundo –que me ha parecido eterno– identificar. Me he quedado sin reaccionar durante un instante. 

 

Del extremo de una cuerda, que a su vez estaba atada a otra cuerda y esta a otra más, colgaba una bolsa de tela, esas que guardan el almuerzo de los niños en la escuela. Con el corazón acelerado, he extendido mis manos temblorosas hacia ella, al tiempo que, fugazmente podía ver la sonrisa de las vecinas de enfrente. Ellas, a diferencia de mí, habían sido testigos del descenso de esa bolsa desde el extremo más alto de la fachada del edificio y la expectación de quienes la hacían descender. 

 

Al llegar a mí, la bolsa ya no era un trozo de tela colgado de un arnés y varias cuerdas enlazadas; era un hatillo mágico, un mensaje en una botella llegado del mar… Dentro había una hoja de papel doblada por la mitad, con un dibujo hecho a lápiz y unas palabras de agradecimiento escritas cuidadosamente por mi vecino de 5 años, que, ahora sí, me ha costado leer varios minutos, pues las lágrimas me impedían distinguir las letras. La música seguía sonando. Los vecinos seguían aplaudiendo, cómplices de lo que estaba sucediendo. A lo lejos, una señora a la que creo que no conozco y que unos segundos antes me había enviado una docena de besos a la vez que juntaba sus manos en señal de agradecimiento, había dejado de aplaudir y me miraba fijamente; creo que podía sentir mi emoción, igual que yo estaba sintiendo la suya. Me hubiera gustado tanto abrazarla… 

 

Toda la emoción contenida durante estas semanas, toda la tensión y el miedo acumulados, toda la esperanza depositada en la humanidad, todo el presente, el pasado y el futuro han estallado dentro de mí y han comenzado a derramarse por mis ojos. Ha pasado más de una hora y todavía no han dejado de fluir. Quizá había demasiados acumulados y han esperado a salir todos a la vez, para economizar recursos. Tanto me empeño en ahorrar agua que ahorro hasta la de las lágrimas…

 

Hoy, uno de los días más tristes de mi vida, he estado a punto de no salir a la ventana, de no encender el altavoz, de no buscar las miradas de las personas que llenan de cantos esta calle… Pero en el último minuto, quizá cuando esa bolsa de tela ya había empezado a descender, he sentido que debía hacerlo, como cada tarde desde hace casi veinte días. Sin querer, hemos creado una rutina, y en estos momentos en que todos los días transcurren igual y la incertidumbre inunda los hogares, las rutinas se convierten en un kit de supervivencia.

 

Mi vecino tiene solo 5 años y seguro que no sabe que en esa bolsa ha metido mucho más que un dibujo en un papel y unas gominolas. En esa bolsa está la fuerza que mañana volverá a llenar de música y de besos voladores esta calle. Gracias, Noah. Hoy tú eres mi héroe.

 

Sara